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miércoles, 18 de marzo de 2020

Causas de la derrota de la insurrección de Reval en 1924

«¿Cuáles fueron las causas del fracaso de la Insurrección de Reval? Lo que acaba de ser expuesto acerca de los preparativos y el desarrollo de la insurrección demuestra que, en relación a la organización y a la táctica, los insurrectos cometieron una serie de errores de graves consecuencias. A grandes rasgos, las causas fueron las siguientes:

1) La dirección de la insurrección había sobrestimado el grado de desmoralización de las tropas de la guarnición así como la fuerza de la organización militar del Partido. Para llevar a cabo los objetivos que se proponían, las fuerzas eran manifiestamente insuficientes. Esto es indudable, incluso si la dirección hubiera logrado reunir a todos los hombres inscritos en la organización. La exageración del grado de desmoralización de las tropas consistía en el hecho de que, al enviar nueve hombres al tercer batallón del décimo regimiento, la dirección del Partido pensaba ganarse este batallón en su totalidad, y hacerle tomar parte activa en el derrocamiento del gobierno burgués. Sucedió lo mismo con el grupo de tanques y con el batallón de telegrafistas. Los soldados del tercer batallón, el batallón de telegrafistas y el grupo de tanques simpatizaban indudablemente con el Partido Comunista y eran hostiles a los oficiales y a todo el régimen burgués. Estas unidades hubieran ingresado en las filas de los insurgentes si hubiese habido dentro ellas un sólido núcleo de comunistas, o de la juventud comunista, o incluso un grupo de soldados revolucionarios que hubiesen recibido previamente instrucciones del Partido, o sea un núcleo capaz de resistir a la comandancia reaccionaria. Pero ese no era el caso. En lugar de dirigir toda la acción hacia la participación de los soldados y de los marinos en la insurrección, por unidades enteras o al menos por fracciones constituidas, en lugar de organizar una conveniente agitación política en el ejército, el Partido Comunista había separado a los soldados revolucionarios de sus unidades para unirlos a los grupos de obreros. Era un grave error. Era ingenuo pensar que el batallón del décimo regimiento, sin soldados comunistas, se pasaría activamente al campo de los insurrectos, siguiendo el llamado de nueve obreros desconocidos. Imaginemos la escena: las cinco y cuarto de la madrugada, todo está oscuro; el batallón está durmiendo; un grupito insignificante de hombres, desconocidos por todos, lo despierta y le asegura que la insurrección ha estallado, invitando al batallón a reunirse con los insurgentes. Los soldados no ven esta insurrección; las calles están vacías; no hay obreros. No sabían nada de los preparativos de la insurrección. ¿Qué actitud se podía esperar de ellos? Era de esperar que el batallón se mantuviera neutral hasta mayor Información. La mayoría de los soldados no sabían quién organizaba la revuelta: ¿los obreros o los fascistas? Si algo se podía esperar de este batallón –lo cual era probable, puesto que no tomó parte en la acción contra los obreros, y por ello fue parcialmente desarmado–, hubiera sido solamente en el caso de que un grupo más numeroso de obreros se hubiera presentado ante él, o de que hubiera habido, en el grupo, comunistas y soldados revolucionarios organizados.